Hay una escena que se repite en muchas casas. Un niño llora porque no consigue lo que quiere. El adulto duda: ¿ceder para que deje de sufrir? ¿Sostener el límite aunque haya enojo? ¿Estoy siendo respetuoso o demasiado permisivo?

Las respuestas parecen multiplicarse en libros, redes sociales y videos de pocos segundos. No obstante, durante el Crianza Summit 360°, tres especialistas coincidieron en que la crianza respetuosa no consiste en decir siempre que sí, sino en acompañar el crecimiento de los hijos con límites claros y con adultos capaces de gestionar sus propias emociones.

El error también educa

Para la especialista en crianza y puricultora, Brenda Tróccoli, uno de los mayores desafíos actuales es vencer el miedo a que los hijos se frustren.

“Hoy hay mucho miedo a decirles que no y mucho miedo a que se equivoquen. Pero necesitan tener la oportunidad del error para construir fortaleza interna”, explicó.

La especialista señaló que la sobreprotección termina debilitando a los chicos porque les impide descubrir sus propios recursos, y aclaró la diferencia entre crianza respetuosa y crianza permisiva.

“La crianza respetuosa tiene a los límites como uno de sus pilares. Respeta al niño como persona, escucha lo que siente y piensa, pero eso no significa que los adultos renuncien a sostener decisiones importantes”, enfatizó.

Así, el objetivo es que el niño tenga voz dentro de la familia, aunque no sea siempre quien tome las decisiones.

Empezar por los padres

Si los chicos aprenden observando, entonces el primer trabajo es el de los adultos. Esa fue la idea que desarrolló Juan Pablo Ventura. “No podemos dar lo que no tenemos. Nuestra generación no recibió educación emocional; nos educaron para pensar, pero no para gestionar lo que sentimos”, dijo.

Ventura indicó que muchos padres buscan herramientas para ayudar a sus hijos cuando, en realidad, primero necesitan aprender a reconocer sus propias emociones.

“La primera tarea es dejar de pelearse con las emociones. Si un adulto puede reconocer lo que le pasa, después también podrá acompañar mejor a su hijo”, afirmó.

Pero la educación emocional no se limita a ponerles nombre a las emociones. Ventura sostiene que lo más importante es crear espacios donde niños y adolescentes puedan hablar sin miedo a ser juzgados.

“No hace falta ser psicólogo. Lo que necesitan los chicos es sentir que pueden contar lo que les pasa y que hay un adulto dispuesto a escucharlos”, destacó.

Aprender a frustrarse

La orientadora familiar Sofía Chas observó otro fenómeno que se volvió habitual. En él, los padres hacen enormes esfuerzos para evitar cualquier sufrimiento de sus hijos.

“El objetivo parece ser que no sufran nunca. Entonces aparece el chupete, después la pantalla y más adelante cualquier recurso para evitar la frustración”, describió.

Sin embargo, sostiene que la tarea de los padres no consiste en eliminar el dolor, sino en acompañarlo: “Aprender a atravesar la frustración es una habilidad para toda la vida.”

Paradójicamente, ese intento permanente por evitar conflictos suele terminar agotando a los adultos.

“Muchos padres se entregan por completo, intentan darles todo a sus hijos y terminan gritando más de lo que quisieran. Ahí aparece otro tema importante: no solo hay que trabajar los límites de los chicos, sino también la regulación emocional de los padres”, señaló.

En medio de agendas llenas, pantallas y exigencias, Chas propone volver a algo mucho más simple. Alejar por momentos el celular, crear pequeños rituales familiares -una película los viernes, cocinar juntos o salir a caminar- y aprender a mirar el mundo con la curiosidad de los chicos.

“No estamos disfrutando la infancia como podríamos. Muchas veces sentimos que los hijos frenan nuestra vida, cuando en realidad pueden enseñarnos otra manera de vivirla”, reflexionó la especialista.

Cinco consejos

- Poner límites también es cuidar. Una crianza respetuosa no significa decir siempre que sí.

- Permitir el error. Equivocarse ayuda a desarrollar la autonomía y la fortaleza emocional de los niños.

- Los adultos también deben aprender. La educación emocional comienza por reconocer las propias emociones.

- Escuchar antes que resolver. Muchas veces los hijos necesitan ser escuchados más que recibir una solución inmediata a sus planteos.

- Aceptar la frustración. Evitar todo sufrimiento no fortalece; acompañarlo sí.